Kubrick y la vitamina C

Alex, icono de varias generaciones

A estas alturas de la película que se puede decir de Stanley Kubrick y de su filmografía que no se haya dicho ya.

Para alegría de todos los fanáticos del director más maniático y misterioso de la historia del cine, se ha vuelto a estrenar en versión remasterizada una de sus películas más polémicas, odiadas y admiradas al mismo tiempo: “A Clockwork Orange”.

Traducida en España como “La naranja mecánica” y basada en la novela de Anthony Burgess, Stanley Kubrick adaptó y dirigió en 1971 esta historia sobre un joven llamado Alex y su extraña relación con el mundo a través de la violencia.

Como no tengo intención de escribir una tesis sesuda e infumable, me limitaré a contar mi experiencia con esta película que, al contrario de lo que piensa la mayoría diciendo que ha envejecido mal y que desprende un insoportable hedor a naftalina, creo que está más viva y de vigorosa actualidad que nunca.

Es curioso e interesante comprobar como cambia la visión de esta obra desde un primer visionado a una edad jovenzuela e impresionable, a verla veinte años después y descubrir una película completamente distinta, magnífica y sobre todo moderna.

Destacaría por encima de todo y más aun por encima de ese halo de obra maldita que siempre ha llevado a cuestas, la visionaria capacidad de Stanley Kubrick  demostrando una vez más que siempre ha ido tres décadas por delante del resto de los mortales.

Quizá el ejemplo que mejor define esta virtud más propia de Nostradamus sea “2001: A Space Odyssey” 1968, rodada antes de que el hombre pisara la luna. Parece fácil decirlo, pero si lo analizamos es puro vértigo.

Revisando su filmografía uno se da cuenta de que estamos ante un tipo que no es de este planeta.

Uno de esos directores que imprimen toda su personalidad en cada una de la imágenes que completan una de las mejores filmografías de la historia del mundo mundial.

En “A Clockwork Orange”, Kubrick nos presenta un mundo llevado al límite, un muno distorsionado por la visión enferma y obsesiva de un grupo de jóvenes liderados por el mencionado Alex, interpretado por un jovencísimo Malcolm McDowell.

Un grupo antisocial, antisistema y antitodo que huye de normas y leyes marcadas por un sistema legal y políticamente correcto, creando un mundo paralelo donde sólo el protagonista ordena y manda a su antojo ejerciendo la violencia en estado puro para uso y disfrute de sus ojos. Unos ojos enormes, saltones y azules que observan atentamente los movimientos de sus indefensas víctimas (presas).
Y llegamos a lo interesante de este asunto, al tiempo que ese grupo se define como fuera del sistema, paradójicamente se van acercando más y más a un nuevo sistema cerrado por nuevas normas que sustituyen a las ya establecidas, creando incluso un lenguaje nuevo donde palabras inventadas con una enrevesada fonética destruyen el lenguaje.

Kubrick retrata esta cerrazón mental jugando con sus personajes como quien juega moviendo de manera magistral fichas en un tablero de ajedrez.

Ejerciendo presión con un jaque mate que se advierte a modo de grito de auxilio desesperado en donde no hay posibilidad de escape de un sistema que no es tan perfecto como han pretendido hacernos creer.

Se  invierten los roles de buenos y malos, de héroes y villanos,  y Alex pasa de verdugo a víctima para terminar siendo un despojo humano en manos de intereses electorales. Un auténtico experimento sociológico en manos del poder.

Kubrick nos muestra personajes violentos amantes de Beethoven, utilizando precisamente esa banda sonora para subrayar el delirio y desenfreno mental que habita en la mente de Alex y sus súbditos, mostrando así lo mejor y lo peor del individuo en una sola imagen.

En definitiva Kubrick advierte, muestra y critica poniendo  en tela de juicio a todo cristiano que quiera verse reflejado en este espejo llamado sociedad y en el que todo hijo de vecino forma parte de ella queramos o no.

Es casi inevitable el no pensar en películas posteriores que se han ido nutriendo de la simiente germinada por un genio indiscutible como Stanley Kubrick.

No se puede negar que por ejemplo “Funny Games” 1997  Michel Haneke tenga algo de esta historia en el modo de mostrar la violencia y el disfrute de la misma.

En cuanto a la estética, es innegable reconocer que ha marcado su impronta en infinidad de obras visuales que abarca desde vídeos musicales a spots publicitarios, e incluso pasando por tendencias estéticas más propias del diseño y la arquitectura.

Lo dicho, a estas alturas de la película que se puede decir de Stanley Kubrick y de su filmografía que no se haya dicho ya.

El maestro poco antes de irse al otro barrio

 



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