Los límites de Jarmusch

Jim Jarmusch se parece físicamente, cada vez más, a su idolatrado Lee Marvin.

Es tal su admiración por el mítico protagonista de “Point Blank” 1967 John Boorman, que de hecho hay rumores que cuentan que cuando este se reúne con cierto séquito exclusivo de amigotes (léase Tom Waits, Lou Reed, John Lurie  y compañía), se hacen llamar Los hijos bastardos de Lee Marvin..

Suma y sigue, “Point Blank” es también el nombre de su productora. Toda una declaración de intenciones.

Desde luego y aunque no sea cierta esta historia, la leyenda alimenta una vez más el misterio que envuelve a  este cineasta que, aunque se las da de New Yorker indie, proviene de una acomodada familia de artistas de Akron, Ohiao.

Jim Jarmusch, adicto a la nicotina, a la cafeína y al peluquero de David Lynch, ha escrito y dirigido “The limits of control”, una de las películas más interesantes y atípicas que he visto últimamente.

Jim, nunca se ha gastado un centavo en tinte

Rodada en España (Madrid, Sevilla y Almería para ser más exactos), dicen que se rodó sin un guión cerrado. Tan solo con un puñado de anotaciones y unas directrices básicas que perfilaban la trama principal donde un asesino a sueldo, interpretado por Isaach de Bankolé, se aventura, pista tras pista, por las calles de las citadas ciudades en busca de algo o alguien.

Por cierto, paisajes ibéricos exquisitamente fotografiados por el genial director de fotografía Chistopher Doyle.

Christopher Doyle, algo más que un director de fotografía

Si en 1967 Jean-Piere Melville dejaba que Alain Delon caminara solitario y silencioso, por las calles de París, en la magnífica “Le Samouraï”, Jim Jarmusch rueda su particular (no es un remake) versión de los hechos por los barrios de malasaña y aledaños andaluces.

La historia puede parecer simple si uno se aferra a una primera lectura en donde un misterioso hombre, de profesión asesino a sueldo, el citado Bankolé, camina, espera, contempla el tiempo pasar y bebe café (dos expresos en tazas separadas para ser más exactos).

Pero nada más lejos de las intenciones del director de “Broken Flowers” 2005. Lo que nos ocupa es mucho más que eso, va más allá de un aparente y vacío bluf visual.

Isaach De Bankolé muestra su recio porte por Atocha

En una lectura, algo más subterránea, se esconde el meollo del asunto de “The limits of control”, donde se muestra una forma diferente de ver el camino, de contar la historia y el recorrido de siempre. Mostrándonos un mapa alternativo a la ruta más conocida y fácil.

Algo que ya ocurría en la estupenda “Ghost Dog: The way of the samurai” 1999 o “Dead Man” 1995, por citar dos de los títulos que quizá mejor definan el estilo e intenciones de este aclamado director.

Más allá de una película de acción, o de cine noir, Jim Jarmusch aborda la historia y a su personaje principal desde un prisma “imaginario” sin límites para ser, estar o parecer. Ofreciendo alternativas narrativas que juegan con el tiempo y la propia estructura viva del guión.

 

Las calles de Malasaña, testigos del mundo Jarmusch

Describiendo un espacio-tiempo extraño e hipnótico, donde los sucesos se muestran en bucles temporales y en repeticiones rítmicas intencionadas describiendo situaciones idénticas en donde se pregunta al protagonista de manera insistente, ¿tú hablas español?, como quien pregunta ¿conoces la clave secreta? o ¿sabes de que te estoy hablando?

La historia se perfila libre y original dejando que el espectador se deje seducir por el devenir de los personajes y los lugares, físicos o no, que habitan.

Sin pretender desvelar nada esencial de la historia, solo diré que no hay que olvidar dos momentos claves de la historia.

Uno es el poema de Rimbaud que aparece en el primer plano de la película.

Unos versos que hablan de un barco que, camino del mar, es capitaneado solo por la propia corriente del río.

Y dos, cuando casi al final, se le pregunta al protagonista, ¿cómo has conseguido entrar aquí? y este responde: USANDO MI IMAGINACIÓN.



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